LAS CARTAS QUE ME ESCRIBO #3

Lo tengo muy claro, recuerdo que nuestra anterior conversación se frenó cuando les pregunté «si en mi cerebro algunas de ustedes mis queridas neuronas, habían constituido una especie de «sindicato» y fue en ese preciso momento en que la «chillona» se expresó diciendo que no era egoísmo de parte de ustedes el no hablarme con mucha claridad, que ustedes mismas no tenían claro, qué sucedió cuando estuvieron en ese estado que yo he dado en llamar de «casi muertas».
La Chillona, recuerdo bien, me pidió un «descanso» y claro que la palabra descanso les gustó a todas y, muy diligentes, se unieron a la «respetuosa solicitud» hecha por ella, sobre todo el grupo que estuvo en tan precaria


situación el día de nuestro accidente, que por quedar en ese estado de «casi muertas», mis colegas en el Hospital Militar Central de Bogotá hicieron aquel trágico diagnóstico: «se encuentra en coma, en coma profundo» y ahora que vuelvo  a comunicarme con ustedes, me piden «descanso». Entiendan que lo único que solicito es que me cuenten qué les sucedió a ustedes, ya que solo tengo la narrativa que mis colegas de la UCI me hicieron, cuando intentaron decirme que, había estado en coma por 15 días, que ninguno de ellos, en verdad, esperaba que saliera de ese estado y mucho menos que me encontrara tan «íntegro», eso sí que lo recuerdo

Si les sirve para que se animen a trabajar se los voy contar: recuerdo con claridad cuando ustedes «las casi muertas», impulsadas por quién sabe cuántas cosas, decidieron abandonar el estado de coma, despertar y volver a participar del mundo real; era de mañana, mis ojos se abrieron y supongo que mis pupilas debieron hacer algo, para lograr acomodarse y enviarles la primera fotografía de lo que estaban viendo, no tengo muy claro qué hicieron ustedes, es lo que me intriga. Así que, sindicalizadas o no, les pido que ahora después de 43 años de lo sucedido, se pongan a recordar, comprender lo sucedido y me den la mejor versión de los hechos en que ustedes fueron partícipes; es por eso es por lo que estamos en lo que estamos, recordando.

Lo primero que vieron mis ojos, fue que estaba en el Hospital, que una pierna mía colgaba de una polea y el brazo del mismo lado también colgaba de otro artefacto de esos y en ese instante, todas ustedes «enloquecieron», aunque es honesto reconocer que algunas ya venían siendo parte de ese pequeño, ingenioso e inquieto «loco», que considero que todos tenemos alojado en alguna parte de nuestro cerebro; todas querían hablar al mismo tiempo, parecía un coro dirigido por un borracho, me hablaban de “accidente, Adriana, mi cuñada, tracto-camión con remolque”, entre una y otra información que ustedes me daban, un dolor fuerte en mi garganta, porque estando entubado intente hablar; fue tan raro, «opresivo», pero al tiempo sabía que le traería «libertad» a mi garganta, en ese momento sentí que era como «volver a nacer».

El desorden que ustedes tenían, el afán por comunicarse todas al mismo tiempo, esa algarabía que se parecía a la de los domingos cuando en los internados de los colegios, después de un orden riguroso de los estudiantes formados en fila, el jefe de la disciplina se plantaba frente a los estudiantes y decía: “pueden salir», ahí en ese preciso momento comenzaba el desorden, la gritadera, los empujones y el querer ser el más rápido en salir a disfrutar la libertad, sin embargo ese desorden de ustedes me alarmó aún más y empecé a mirar más detalles, la cantidades de cables y mangueras tenía en mí, que colgaban de dos o tres atriles y mientras las identificaba, apareció de nuevo la imagen de «ella» y con ella mucha información, fueron ustedes las que se encargaron de transmitirme que, nos habíamos casado hacía unos 6 meses, del hilo de sangre que bajaba de su arco superciliar izquierdo, me tranquilizaron al recordarme que cuando fui llevado en una furgoneta al Hospital de Tunja, yo había pedido que revisaran su herida y me dijeron que era «algo mínimo de unos 4 a 6 milímetros y que no necesitó sutura».

Fueron momentos difíciles, reconocí una «cajita» atada a mi abdomen en la parte superior y me dije es un «marcapaso», recordaba con precisión de relojero los momentos del choque contra la tractomula o tracto-camión, que era inmenso de transporte de crudos o algo por el estilo, que casi al instante del accidente, fracciones de segundos antes, alcancé a alertar a mi esposa y a mi cuñada con un grito que aún ahora se pasea indiscreto por mi memoria: «agárrense que nos matamos» y al instante el fuerte sonido del golpe de mi pequeño vehículo contra el frente del Carrotanque, algunos gritos dentro del carro y al poco tiempo unos gritos afuera; adentro yo les decía «bájense y corran que esto se puede incendiar»; mientras que afuera un hombre joven, desconocido para mi grita: «lo maté, lo maté!» y en ese instante pude reaccionar; ya mi joven esposa y mi cuñada estaban bajo la lluvia parando a todo el que podían para que me ayudara, yo no podía salir porque mi pierna izquierda estaba apresada entre el paral delantero del carro y mi silla, había humo, bastante humo y por eso yo les decía que se apartaran.

Recuerdo muy bien que dos o tres hombres jalaban mi silla hacía atrás para liberar mi pierna, la puerta de mi lado estaba arrugada y trabada, llegaron con una herramienta muy grande y la desprendierón, sin embargo, el conductor del tracto camión seguía gritando: «lo maté, lo maté!» y recuerdo bien que le dije: «estoy vivo, ayúdeme a salir». El dolor era muy grande, la pierna izquierda estaba rotada, en su totalidad, hacía otro lado, alguien de los que me ayudaba se dio cuenta de ello y la rotó; creo que grité, pero estaba muy inquieto porque no podía ver a mi esposa y  a mi cuñada, pero me tranquilizó mucho cuando las vi subir al vagón donde ya me habían acostado.

Algo difícil de creer, que siempre recuerdo con los años, recuerdo éste al que siempre agrego una sonrisa, se subió a la furgoneta un señor y me entregó el revólver que yo siempre cargaba: «Éste revólver debe ser suyo, verdad?» así me dijo, lo recibí y lo puse en el bolsillo derecho de mi pantalón hasta que llegamos al hospital de Tunja, donde nos recibió un colega que al igual que yo, era Médico del Ejército Nacional, yo lo era del Batallón Patriotas de Honda Tolima, después de una placas de Rayos X me dijo: «Tranquilo, tu esposa no tiene nada. El corte es muy pequeño y no la suturamos, pero lo tuyo no es para acá, aquí no podemos atenderte, estamos llenando todo y te trasladaremos para el Hospital Militar de Bogotá, contigo va un médico y enfermera».

Morfina por medio, le pedí que a mi esposa y cuñada las dejará ir conmigo en la ambulancia y en cuestión de pocos minutos, con todas las atenciones necesarias íbamos en ambulancia para la capital. Mis queridas neuronas, como ven, «mi parte» se las puedo contar con lujos de detalles, con cientos de detalles, minuto a minuto, pero no quiero agotarlas, porque mi deseo es que me cuenten, el grupo de ustedes que estuvieron «casi muertas”, ¿cómo hicieron para recuperarse?. Además, tengo un deseo casi morboso de saber ¿qué clase de despedida les hicieron a sus compañeras que murieron, ¿o fue

que no murieron?, quiero saber, ¿si alcanzaron a hacerles alguna ceremonia o si, solo permitieron que las encargadas del aseo, Glia Ltda las “barrieran como cosas inútiles”?
Ya sé qué quieren, descansar, que debo estar agradecido con ustedes, así que concedido, aunque a veces me dan la sensación de que algunas de ustedes están desnutridas ¿Seguimos mañana u otro día?, en ese momento de nuevo se hace sentir La Chillona y sin ninguna consideración me soltó una especie de reprimenda: “ya deberías entender que no tenemos ningún secreto sobre esos días, que algo que no entendemos nos pasó a nosotras, ni siquiera estamos seguras de si algún grupo de nosotras murió y fueron barridas por la empresa de aseo o si estamos todas, no sabíamos que nos fuera a pasar algo así, incomprensible y no nos contamos para ahora hacer un recuento, créenos y dile a tus amistades que de esos días no sabemos nada, entiende nada, o si quieres invéntate una de esas fábulas cargadas de mentiras y escribe un libro diciéndole a tus lectores las fantasías que ellos quieren leer.

De esa forma seca, casi grosera La Chillona se encerró en su Castillo y me dejo solo con dos opciones, decirles lo que ya les había dicho, que no sé nada, que no vi nada, que no hubo túneles, ni jardines, nada de ángeles, que tampoco vi el infierno si no estaría feliz contándoles como vi a Chaves, a Fidel, a todos   los socio comunistas a gritos, mientras se les quemaba el culo, lamentarse del daño que hicieron y de lo hdlgpta que fueron, créanme eso no lo hubiera olvidado, luego tampoco estuve rondando por allá.
La segunda opción es ponerse a imaginar fantasías y narrarlas a ustedes, en ese caso les diría que fue un paseo largo que, aparte de bellos paisajes, vi no solo a Chaves y sus secuaces, sino que ya estaban allí sus grandes amigos, Santos, Maduro, Ortega, Sánchez, Petro, Lula y otros similares a ellos, pero debo decirles que no, que de esos quince días ellas no me transmitieron nada, en absoluto, y que me doy por vencido porque o son muy tercas o tampoco ellas tienen conciencia de nada.

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