CUENTOS NO CONTADOS

Terminado mi ciclo profesional como Médico, quiero reiniciar el contar historias, muchas de ellas vividas en las épocas agitadas de mi Colombia, así como anécdotas de mis viajes de estudios, de turismo y más, mucho más.

Hoy, con más años recorridos a los que denomino “vida, vivida”, lo que aunque suene raro, no lo es, pues muchos “pasan” por la vida, el colegio o  la universidad, logrando a duras penas un “aprobado” para avanzar hacia el siguiente año de vida, y me pregunto, ¿han vivido?,¿realmente lo han hecho? ¿qué tanto conocen del asombro, del amor, del miedo, de la alegría, de descubrir, inventar o intentar, y de tantas otras cosas más?

¿Aprobaron la asignatura, “estar vivo” con nota alta? ¿o la pasaron raspando?, cuántas veces se colgaron una mochila a la espalda, con una enrollada tienda de campaña debajo del brazo y dijeron: estas vacaciones son mías, me las debo y se atrevieron a gritar: espérame playa o montaña, vamos a estar juntos. ¡Qué buenos fueron aquellos tiempos del auto stop!

¿Cuántas veces se ilusionaron o se desilusionaron?, ¿escucharon cantar a su cantante favorito? si algo de ello pasó entonces es probable que de verdad hayan estado vivos; cuando se está vivo se entiende que un minuto vivido equivale a muchos años de esos de “pasar por la vida”, es cuestión de decisión, no sabemos cuántos nos quedan por vivir; aquí narro algunas cosas que recuerdo y algunas otras que no se pueden recordar, porque sencillamente nunca se pueden olvidar.

Quiero también dejar escrita la importancia de llevar bien la contabilidad de la vida, saber sumar lo vivido en la columna de lo positivo, donde es bueno multiplicar las veces que se ríe, que nos asombramos ante las cosas bellas del día a día, que nos sentamos en familia, con amigos a contar historias, así como los momentos en los que nos dedicamos a ver más allá de lo que nuestros ojos alcanzan; la columna de lo positivo debe estar cargada, ahí está la vida. Hay que escribirla con tinta indeleble, la otra columna debe ser delgada, y en lo posible, escrita con un material que puedas ir borrando cada día.
Qué bueno que al mirar atrás podamos decir, qué alegría haber ido, qué bueno repetir algo de aquellos años, ahora más completos con la compañía de la familia; poco importa el no poder subir las montañas como antes, el no caminar de un pueblo a otro, en aquellos sitios tranquilos, porque nos faltan dos cosas esenciales: la “tranquilidad” que se perdió en casi todas partes y la “juventud” que al irse, se lleva consigo parte de nuestras energías, pero ambas cosas las cambio con gusto por poder ahora caminar con mi familia.

Que bueno poder decir, estoy vivo aunque no sepamos cuánto nos queda por vivir; por eso he decidido contarles  lo bueno, lo regular y hasta  lo malo vivido y dejar volar un poco la imaginación que los años no han logrado llevarse consigo; siento que mi columna, de lo positivo es más  robusta, la otra es famélica.