LAS CARTAS QUE ME ESCRIBO #2

Hace ya varias horas que juego con mis uñas con tanta desesperación que una de ellas, la de mi pulgar izquierdo, salió ligeramente lesionada, me mandó un mensaje de dolor y con el un aviso, “nos despertaste a nosotras que no tenemos nada que ver con la información que quieres, eso no es justo, sin embargo pasaremos la información a las “princesas del castillo”, que se enteren y así nos dejas tranquilas a nosotras, que bien sabes que aunque nos comunicamos nos mantienen por fuera de la Muralla, somos como de menos categoría, para que nos entiendas es como si fueras a una gran tienda de coches o carros y vez que los de la mas alta gama están mas protegido y le tienen un personal que los atiende a todas horas, bueno así son nuestras hermanas que viven dentro de la Bóveda, de la Muralla, nosotras somos las que llevamos algunos recados que les mandan y traemos respuestas, pero tus inquietudes son de otro tipo, así que ya las estamos despertando, habla con ellas y déjanos en paz y llama a alguien que sepa arreglar esa uña.
Aquí estoy de nuevo, espero que hayan descansado, que el descanso haya sido productivo y que no hayan permitido que se les colara ningún “mal pensamiento” que pueda perturbar la convivencia entre ustedes, recuerden que por algo son ustedes las «protegidas» y tal vez también las únicas indispensables; saben que las molesto porque no me han aclarado muchas cosas, están en deuda, saben que necesito saber ¿qué pasó dentro de mi cerebro?, lo único que tengo claro es que ustedes tienen algo de esa información, se además que las que «almacenan esos recuerdos», están hoy desesperadas por asomarse y contarme muchas cosas; yo sólo puedo sospechar que esos quince días que yo estuve en no sé dónde, millones de ustedes pasaron por el “Taller”, también supe que a muchas las consideran insalvables y que estuvieron a punto de ser barridas por el personal de limpieza, pero por lo visto las de la compañía de aseo ”Glia Ltda”, decidieron llevarlas primero al Taller donde las entregaron con la etiqueta de “casi muertas” y en ese gran Taller que albergamos en alguna parte del cerebro, vieron que “podían hacer algo por ustedes” y es por esa decisión que tomaron los mecánicos de neuronas que ahora estamos hablando, a ellos a su Gran Maestro, les debemos mucho, todo.
La naturaleza, a la que tanto maltratamos y tan poco agradecemos, nos exonera del pago de las facturas que esos «Talleres Integrales» nos podrían cobrar, ni siquiera los de aseo “Glia Ltda”, nos pasa factura y sabemos que si nos cobraran, cifras en cualquier tipo de moneda de cambio, serían incalculables, ya que nuestras neuronas pasan a el taller no solo cuando sus condiciones son bastantes lamentables, es cierto que unas llegan ayudándose con muletas, algunas con ayudas de otros mecanismos ortopédicos y muchas van en camillas empujadas por las encargadas de “mantenimiento”, pero la inmensa mayoría pasa al taller, a la «sala de prevención» donde reciben buen oxígeno y nutrición para que puedan reintegrarse en mejores condiciones a sus labores cotidianas.

Todo es asombroso, y sobre eso también tengo una pregunta, por qué no aprovecharon esos días de “ausencia” y me llevaron a conocer algo, cualquier cosa, aunque fueran los Talleres, no ven que, por culpa de esas desidia de ustedes, de ese abandono, parece que yo fuera el único que no tengo nada que decir “sobre esos días en que estuve entre ausente, casi muerto”, no me quieren contar nada, ni siquiera recuerdo sobre esa especie de “lápida” que te ponen cuando mis colegas dicen “la situación es muy crítica, cada hora que pasa juega en favor de él, es joven, está luchando, no podemos decir más, hay que esperar, las esperanzas son pocas pero hay que esperar”; de ahí nace mi reclamo, ¿“por qué carajos no
aprovecharon ese tiempo y me mostraron algo del Castillo o me sacaron a dar un paseo por algún lugar espectacular que tal un viaje a conocer el Everest, me hubieran llevado al pico más alto, y no me dejaron nada para narrar algo de lo sucedido en esos días, a las Cuevas de Altamira, yo hubiera escuchado las explicaciones que me hubieran dado sobre las pinturas rupestres, o porque no me dieron una paseo por los campos de tulipanes en una primavera en Holanda, yo tuviera mucho que contar, ustedes además hubieran quedado como unas “neuronas diligentes, queridas, amables, cultas” y quién sabe que más cosas podrían decir de ustedes, ahora, yo podría narrar todo lo que ustedes me hubieran mostrado, pero nada, no hicieron nada; de verdad estaban tan golpeadas, de verdad estaban tan maltratadas o a mi me toco una tanda de neuronas flojas, perezosas que ante un desequilibrio interno se echaron a “casi morir”, no sé qué pensar de ustedes, porque, que yo recuerde en el accidente la Bóveda que las protege no se golpeó y va siendo hora que me digan que fue lo que en realidad pasó con ustedes, hace 43 años largos y siguen sin querer decir nada.
Mis neuronas después de ese merecido «descanso» y aún más merecido regaño, parecen afanadas, apuradas en contarme sus andanzas de cuando hace 43 años estuve en coma profundo en el Hospital Militar, comiencen por contarme, cuantas de sus compañeras quedaron “casi muertas”; ¿qué sucedió con la información que ellas tenían?, pasaron unos segundos de absoluto silencio y cuando comenzaba a creer que otra vez habían decidido no contarme nada y que volverían a cerrarse como lo hacen las ostras cuando se sienten en riesgo, se alzó una de ellas, hizo ademanes como para darme a entender que ella era algo así como la «neurona jefe» de esa zona del cerebro y frunciendo su entrecejo, con voz un poco chillona me dijo: “llevamos 43 años discutiendo si debemos hablar contigo sobre lo sucedido, pero nunca llegamos a un acuerdo, ella iba a seguir hablando pero le interrumpí preguntando, ¿por qué tanto tiempo y aún ahora no están de acuerdo?, acaso en el sistema de ustedes hay “sindicatos”?, la de la voz “chillona” me dijo con mucha seguridad, «ni tú, ni tus colegas dedicados a las neurociencias podrán saber lo complejas que somos y como hacemos para comunicarnos, cómo hacemos para sobrevivir a tantas «agresiones» voluntarias o involuntarias a las que somos sometidas, ustedes siempre sabrán aquello que nosotras les permitamos saber, así que nunca den por concluido el conocimiento que pretenden tener de nosotras, no es egoísmo de nuestra parte el no explicarnos mejor, es que nosotras mismas no nos entendemos al 100%, creemos que hay “algo superior a nosotras que rige sobre nuestras vidas y nuestra muerte”. Déjanos reposar un poco y más adelante te contaremos parte de lo que quieres saber, la parte que conservamos en la “despensa de la memoria”
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