LAS CARTAS QUE ME ESCRIBO #1

Creo necesario desde este momento explicar el porqué decidí escribir unas cartas, ya que yo “sí tengo quien me escriba” o más bien, quienes me escriban, también tengo quienes me escuchen y a quiénes escuchar, no estoy en las condiciones de aquel “coronel, que no tenía quien le escribiera”; mi decisión tiene mucho que ver con algunas lecturas realizadas, en las personas que han estado en coma, narran haber visto ángeles, túneles, jardines floridos y otras cosas que para mí son “fantasías”, salvo que  estuvieran en “comas superficiales”. De todas formas, esas narraciones me han creado algunas inquietudes y por ello decidí tener una comunicación seria y exhaustiva con mis neuronas, algo así como una “reunión de gerencia”; se comienza con “aquí vamos a decir solo verdades”, también encontrarán más explicaciones en mi primera carta, que complementaran lo aquí escrito.

Deben saber que todo se inició en un viaje que decidimos emprender mi esposa, mi cuñada y yo, a los seis meses de casados y en ese viaje por allá por el año 1982, salíamos de Honda (Tolima) y el destino era Chiriguaná (Cesar), donde visitaríamos a mi familia, entre Tunja y Arcabuco, tuvimos un accidente del que terminé en “estado de coma profundo”, en la UCI del hospital Militar Central de Bogotá, perdí, como es de esperar, toda comunicación interna, así como también con el exterior, por eso cada vez que recuerdo el accidente surgen las mismas preguntas.

En la fecha de los acontecimientos era Médico General y ejercía, desde hacía pocos meses, en la ciudad de Honda, en donde trabajaba en algunas Instituciones y en especial era EJ1 sanidad del Batallón Patriotas. Creo recordar que así decía mi carnet, pero se traduce en que yo era “el Médico del Batallón”; durante mi recuperación física, me fui a especializar en Medicina Interna al Hospital Rafael Calderón Guardia, de San José de Costa Rica. Aprovecho esta ocasión para saludar a mis compañeros, colegas de la Residencia y también agradecer a mis maestros y a esa bella nación de Costa Rica.
Aquí la primera carta que me escribo, motivada por la “presión de los recuerdos”, que agolpados en algún rincón del alma se esfuerzan por hacerse sentir, por decir: oye, José, estamos aquí; somos parte tuya, ocupamos una parte considerable de tu vida, no nos almacenes; danos visibilidad.

Mis “neuronas de los recuerdos” están rebotadas, en pie de guerra, se niegan a quedarse ocultas, esperando sin saber qué esperan, anhelando sin saber qué anhelan y yo -algo inquieto- en un esfuerzo por comprenderlas, presiento que lo que buscan con afán y  quieren es «libertad», se cansaron de estar refundidas como en una inmensa “telaraña”, donde cada una trata de liberarse, de llegar al borde de ella, darse una buena sacudida y cuando alguna lo logra, “gritar” tantas veces como sean necesarias hasta lograr ser escuchadas, pero la inmensa mayoría de ellas, siguen ahí, en esos interminables hilos, en esa malla tejida de manera magistral por las “neuronas de los recuerdos” en la que llevan tanto tiempo refundidas, que se pueden considerar  pérdidas en algunos rincones de lo que llamamos la “memoria”, ahí están, aburridas, tan aburridas como esos grupos de abuelas vecinas, que en los atardeceres deciden reunirse a tejer debajo de un frondoso árbol de mangos en el patio de la casa de una de ellas; las abuelas matar su aburrimiento hablando de lo que más sonrisas le hacen asomar al alma y a sus arrugadas caras, los nietos.
Hoy, millones de neuronas de mi “telaraña de recuerdos” me despertaron más temprano, madrugaron más de lo que suelen hacerlo, sospecho que se sienten muy apretadas, algo así como cuando llevan pollitos en cajas para venderlos de pueblo en pueblo, así como los veía, cuando los llevaban a Baranoa, un pueblo donde tuve una pequeña finca, iban apretados, estirando el cuello para pasar la cabeza por encima de la de los compañeros de infortunio, y en esa “lucha por sobrevivir” algunos pollitos fallecen y no tienen más entierro que el que les da su ambicioso vendedor, que lleva más pollitos de los que la caja con escasa ventilación permite y que con ceño fruncido, dejando salir una exclamación no apta para menores, pues en su torpeza “culpa a los pollitos que fallecieron”, los agarra de sus endebles patitas y los tira sobre la polvorienta calle, seguro de que algún perro callejero o algún carroñero se alimenta de ellos.
Supongo que así apiñados, los recuerdos, comienzan a sentirse poco oxigenados y por esa relativa hipoxia, quedan en condición de “casi muertos”, agonizantes, pálidos, boqueando, como los pollitos de los vendedores ambulantes, o como los peces, que imprudentes se reproducen en una pecera, sabiendo que su lujuria, los llevará a la muerte por sobrepoblación y que también a ellos los tiraran en algún lugar, para dar continuidad a otras vidas en la cadena alimenticia; ¿será que pasa lo mismo con los recuerdos y que es por eso que con frecuencia nos vemos forzados a decir, “no recuerdo esto o aquello”?

Y es ahí cuando me pregunto, ¿Son los “recuerdos”, acaso parte de la cadena alimenticia del privilegiado “conjunto de neuronas” que sospechamos que constituyen el “alma”?; antes de responderme o que ustedes se respondan les pido que urgen en la memoria y me digan si ustedes también han dicho frases como, “te llevo en mi alma, te quiero con toda mi alma, tú recuerdo quedará siempre guardado en mi alma”, si dejamos un poco de lado el “rigor científico” en esas solas frases, hay pruebas suficientes para que la CSDJDE Corte Suprema De Justicia del Espíritu, “entre a considerar” que hay mucha relación entre Alma, Amor, Recuerdos, y que estas relaciones deben ser aclaradas, para poder comprender un poco más del castillo llamado Cerebro y de su Gran Muralla Protectora, con sus cientos de recovecos, plazas, túneles y demás que llamamos también Bóveda Craneal, que por cierto es una fortaleza que consideramos la más inexpugnable del cuerpo humano; estarán de acuerdo conmigo en que no se construye una fortaleza con semejantes características sino es para albergar algo invaluable, espero que también me apoyen en la teoría de que,  de ese conjunto constituido por las Murallas y el gran Castillo, nace el que las principales moradoras, “las Neuronas” se sientan las “más importantes joyas” del ser humano.

No es nada nuevo, una pregunta casi siempre hace que te formules otra y esta no se hace esperar, ¿Los sucesos, los eventos nuevos y hasta los pensamientos débiles, tienen el vigor suficiente para sobrevivir, retirando a los “más débiles”?, prima en nuestro Cerebro entonces una Ley como la de la Selva, los más fuertes aniquilan a los más débiles?, la pregunta tendrá varias respuestas según el momento de la historia en que se formule, pero algo sí tenemos claro o por lo menos tenemos una fuerte sospecha, , y es que, a diferencia de los pollitos y los peces que mueren y son utilizados como alimento, las “neuronas de los recuerdos”,  no mueren, permanecen en esa condición de “casi muertas”, hasta que un «nuevo acontecimiento» les brinda el oxígeno suficiente para que griten “viva la libertad” y exijan mostrarse en los mejores lugares de los escaparates del alma.
Despiertan los “casi muertos” en mi mente y por momentos pienso que, así como en muchos procesos electorales de Iberoamérica, algunos muertos también despiertan y votan, en mi memoria algunos acontecimientos despiertan, se sacuden, se estiran y dicen “aquí estamos, somos útiles y necesarios para armar el crucigrama que representan los años vividos”.

Yo, pensando en el transcurrir de los atardeceres de las abuelas, me pregunto: ¿qué hacen minuto a minuto, segundo a segundo, los millones de ustedes mis amadas neuronas que aún no han logrado liberarse de la telaraña de los antiguos recuerdos?, ¿cómo se sienten?, ¿deprimidas?, ¿recluidas como si nadie quisiera tener intercambios con ustedes o se sienten cómodas utilizando el tiempo en seguir tejiendo telarañas para atrapar y esconder los recuerdos?
Pollitos asfixiados, peces muertos y recuerdos desperezando neuronas, «allí adentro de la Muralla” hay todo un espectáculo, todo se ve revuelto y desordenado; pero en pocos minutos aparece en mis sueños, el “personal de la limpieza”, agarra las muertas y se las llevan a una especie de Cementerio, pero en el camino se enteran que, “no están muertas” y deciden continuar su camino a un lugar que se parece mucho a uno de ellos pero, donde la ausencia de cruces u otros símbolos los distinguen, los separa sustancialmente porque «el cerebro” parece no tener cementerios y en cambio el lugar a donde llevan los “supuestos muertos”, es muy parecido a un «taller de reconstrucción y remodelación»; allí comienzan un proceso de selección, unas pasan a reparación, latonería, ensamblaje y pintura, otras necesitan menos mano de obra y pasan directo a latonería y pintura,  para que las “neuronas parezcan nuevas” y no sean distinguibles de aquellas que no han necesitado entrar al taller, las ya recompuestas parecen un Partido Político, donde todos tratan de ser los primeros en mostrarse, sin importar mucho el orden o los méritos alcanzados.

Muchas de ustedes las que pasaron por reparación, latonería y pintura general, ya mezcladas con sus otras compañeras, deben ser las que me piden que las «deje descansar», que nos reunamos en otro momento para continuar nuestra charla, yo les digo: “ustedes las neuronas están en una casa muy protegidas son las más protegidas de todas las células, de todas las partes del cuerpo” cosa fácilmente explicable no tan solo por las “funciones que cumplen”, sino también por ser femeninas, son y seguirán siendo «las neuronas”, salvo que algún subnormal, envidioso o tarupido, de esos llamados «progres» que de forma inexplicable llegan a tener mucho poder, quiera cambiarlas y convertirlas en «neurones o neuronos»; mientras sigan siendo «las neuronas», ustedes mandan, yo me doblego y les digo que sí, que claro, que seguimos ésta charla cuando ustedes deseen hacerlo, tengan buen descanso, pero no se duerman.

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