LA PESTE



Tranquilos, no voy a transcribir aquí la estupenda novela de Albert Camus, el argelino-francés que narra la invasión por una plaga de ratas en la ciudad ahora conocida como Argelia, que para el año 1940 se llamaba Oran, no se trata de eso este relato o crónica, pero no puedo dejar de decirles que si Albert Camus no hubiera muerto en 1960, después de aquella estupenda narración y estuviera sentado frente a un computador, estaría escribiendo La Peste N° 2 basada en las dos pestes que asolan hoy en pleno siglo 21 a Colombia.
Camus no lo puede hacer, ni yo pretendo redactar algo tan grande en todos los significados de la palabra como su relato maestro, que nos pone a pensar tanto sobre las similitudes en lo sucedido en Oran con las pestes que vivimos, y cuyo título con respeto y admiración he copiado en este escrito, pero no puedo dejar de pensar en este momento en la cantidad de ratas que invadieron a Oran; sin embargo, a aquellos que solo quieran ver las ratas, les comento que Camus dejó una puerta al infinito, cuando al terminar su obra crea una luz de esperanza en términos de tiempo.
No podría escribir sobre todas las pestes que nos invaden, sin tener que pasar días o meses frente a esta máquina; no es eso lo que quiero, ni siquiera sé si podría volcar en palabras bien hilvanadas todas las ideas que me están sitiando como armas poderosas mi cerebro exigiendo poder hacerse visibles y que no las deje refundidas en algunas de las neuronas más escondidas. Desde las afueras de las murallas que les establecí en forma similar a lo que sucedía cuando los piratas sitiaban a Cartagena y Felipe III le ordenó a Carlos de Roda Antonelli, por el año 1614, construir las murallas para protegerla, de esa misma forma ordené a un grupo de neuronas a las que llamo “brigada neuronal anti asalto”, proteger al resto de mi cerebro, de las otras pestes que me tienen sitiado, exigiendo ser parte de esta narración.
Una de las pestes más grandes de Colombia, la corrupción, aquella que tiene más miembros en las Altas Cortes, en La Justicia, en el Congreso, en las distintas Iglesias, sobre todo a cargo de algunos obispos, y en otros cientos de instituciones, tiene tantas o más ratas como las que hubo en Oran en 1940. Mi “brigada neuronal anti asalto” no permitirá que ella haga parte de esta narración. La Corrupción seguirá fuera de esa muralla, sitiándome porque sabe que de ella me encargaré otro día y con más tiempo, pues está compuesta por miles y miles de ratas de distintos pelajes y color de ojos.
Hoy vamos a tocar a otras dos PESTES: la del coronavirus, Covid 19, que considero, salvo contadas excepciones ha sido desde nuestro gobierno central muy bien atendida, pero nuestra segunda peste, que más adelante nominaré, aquella que la falta de autoridad hizo que se reprodujera dramáticamente, afectando, el excelente manejo brindado desde el nivel central a la primera peste; a todas luces podemos ver que a nivel de algunos alcaldes de grandes ciudades, el manejo ha sido por decir lo menos inadecuado; como ya lo afirmé, la palabra corrupto en todas sus acepciones queda para la siguiente narración.

La segunda peste que vamos a tocar, es la que organizaron para llevar el país a la ruina, esta podría tener varios nombres, de los cuales elegiré el que a mi juicio considero más apropiado.
La peste número dos, la que tiene muchos nombres, y cuyo origen, aunque es anterior al Foro de Sao Paulo, toma forma en dicho foro, al que asistieron las personas más nocivas de nuestros países; allí estuvieron, los representantes de los siguientes partidos o agremiaciones y varios invitados especiales. En Colombia pertenecen al foro de Sao Paulo organizaciones como el Polo Democrático Alternativo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias De Colombia F.A.R.C. , presentes por el socialismo, el Partido Comunista Colombiano, Marcha Patriótica, Movimiento Progresista, Alianza Verde, Unión Patriótica.Para hacerse a una idea de lo que buscan en el foro, recomiendo escuchar a la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez Cross en El Comunismo Moderno y en El Socialismo del Siglo XXI, esta es nuestra segunda y más peligrosa Peste.
Así como se reconoce el excelente manejo dado por el gobierno central al manejo de la Peste por Covid 19, debo como elector de este gobierno, reconocer, que el gobierno Duque, no atendió oportunamente la Peste del Comunismo o Socialismo del Siglo XXI, olvidando que el expresidente Samper Pizano (1994-1998), es miembro activo del funesto Foro. En la presidencia de Samper, Colombia sufrió cambios en la educación para adecuarla a lo que ahora estamos viendo y viviendo; Samper recordado por el burlesco proceso 8000, y del cual se sospecha que fue elegido con dineros de un cartel de las drogas, también se sospecha su participación en el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado, existiendo por ello investigaciones en curso; en su triste período, en mi concepto la educación, con su Plan Decenal trajo mucho de malo y poco de bueno.
Por el año 1991, siendo yo director ICBF para departamento del Cesar, recibí la invitación de, trasladarme a Bogotá para escuchar a uno de los ponentes del Código del Menor, Ley 2737 de 1989, al cual asistí; recuerdo haberle dicho a mi vecino de silla: “tiene cosas muy buenas, pero en este país se convertirá en una herramienta para las mafias, que usarán a menores como sicarios y para otro tipo de delincuencia”; estarán de acuerdo conmigo, porque lleva ya muchos años siendo así.
Parece que se estuvieran haciendo leyes con dos aristas una buena y otra muy mala, y así viene sucediendo en muchas otras normas, en especial en la Constitución de 1.991 en la cual individuos de dudosa reputación, se sentaron al lado de personas respetables a redactarla y aunque a algunos puedan disentir, malandros y ex malandros, guerrilleros y ex guerrilleros lograron plasmar en ella normas que hoy en día les benefician; busquen en la cacareada Constitución del 91 y encontrarán que es la madre de cuyas abundantes tetas se han pegado para dar a luz a códigos que adornados con terminología elegante han hecho mucho daño a la sociedad.
El País fue cayendo en poder del bandidaje nacional e internacional, los mal llamados guerrilleros, terroristas que secuestran, asesinan, reclutan y violan menores, vuelan oleoductos, destruyen fauna y flora, contaminan ríos y mares, se comienzan a vender como los Robín Hood y la patria más dividida cada día, los criminales pululan. Dios en su sabiduría nos dio una segunda oportunidad y nos mandó al único patriota que decidió poner las cosas en su sitio, que llegó con la bandera de la seguridad democrática, Álvaro Uribe Vélez; el país arrinconado por los malos pero con una inmensa mayoría de gente buena lo elige y comienza a cumplir su promesas de seguridad y bienestar social, cuando termina su período Colombia agradecida y reconocida lo reelige y sus dos elecciones fueron tan apoyadas que es el mundo el que lo perfila como uno de sus más grandes líderes y defensores de la democracia.
La segunda Peste, durante el segundo período presidencial de Álvaro Uribe, había logrado pasar los “muros de palacio”; lo hizo sigilosamente, con mucha cautela y el derroche más grande, nunca antes visto de falsedad e hipocresía, así la peste toma de nuevo un hábitat, un huésped humano y comienza a reproducirse, a organizar sus planes y como los diablos burlones de alguna comedia, comienzan los halagos jamás visto en la historia de Colombia, del que para el momento ya había escalado a Ministro de Defensa; si quieren conocer la maldad personificada, busquen la verdad sobre Juan Manuel Santos, pero antes tómense una bebida de toronjil, hierbabuena o manzanilla para los nervios. La Peste, no solo enamoró con sus lindas lisonjas, con sus discursos a nuestro gran presidente, sino que tenemos que reconocer que todos caímos en su trampa y no advertimos las “señales” ni escuchamos las advertencias, entre ellas la de Carlos Lleras de la Fuente cuando dijo: “Juan Manuel es una rata. Él sabe por qué lo digo. Es un hombre desleal, falso a más no poder, mentiroso, intrigante y de unas calidades personales lamentables”, no escuchamos y la peste nos utilizó a todos para hacerse con la presidencia.

La Peste, mostró su ponzoña desde el primer día de su posesión, después de un discurso endiosando a su antecesor, en menos de 24 horas comenzó a repartir su veneno y todos nos aterramos, habíamos elegido un monstruo de maldad como nuestro presidente, y comenzó la parte más triste de la vida colombiana; este nefasto personaje, comenzó a comprar a cuantas personas o empresas necesitaba para organizar todo su trágico circo; compró jueces, magistrados, políticos, obispos y a algunos
empresarios con la misma tranquilidad con que compras una lechuga en un supermercado; al tiempo como necesitaba mucho dinero, la peste en un abrir y cerrar de ojos, hizo muchas cosas que parecían imposibles, hizo de su más grande enemigo su “nuevo mejor amigo” y de paso confesó al mundo que era un comunista más de los llamados socialistas del siglo XXI.
La peste, desde el comienzo del mundo, ha traído ruina, desabastecimiento, desesperación y trae consigo la esperanza de conseguir a alguien capaz de ayudar a combatirla; en este caso, la situación era demasiado compleja, pues cuando el nefasto terminó su primer período, todos teníamos claro el grave error que habíamos cometido y él sabía que solo podía contar con aquellos que estaban apestados desde tiempo atrás por el comunismo y se habían mantenido en las sombras hasta adquirir el poder y los que él había comprado; eso no era suficiente para que la Peste continuará destilando sus pestilencias. Con varias patrañas, quitando de medio a sus contrincantes, armando varias tramoyas, el nefasto personaje se mantuvo en el poder y continúo carcomiendo la sociedad, dañando conciencias, comprando premios para él y confundiendo la comunidad de naciones.
Inteligente, muy inteligente para el mal, logró cosas que parecieran, de ciencia ficción; ahora tenemos un país convaleciente por un lado y sufriendo sus secuelas, un país al que esas secuelas dejadas por la Peste y alimentadas por muchos de aquellos que en su triste esplendor compró, lo han hecho recaer y sufrimos la complejidad de esa recaída, los efectos de las secuelas de la primera infección, un país, enfermo de odio y de envidia, atizados permanentemente por los “líderes del nuevo comunismo, el castrochavismo” ¡somos un país en busca de tratamiento!
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