LA HISTORIA BAJO CONTRATO

“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros, es como ser incesantemente niño”: Cicerón, filósofo, escritor, político, gran orador, defensor de la República romana, asesinado por orden de Julio César. Con lo que he escrito en estas treinta palabras, podría explayarme en uno u otro sentido para comenzar a “investigar” sobre la vida de Cicerón y adentrarme en los recovecos que sobre su pensamiento nos traslada la historia hasta el día de hoy, pero no es por ese camino, por el que quiero andar. Se preguntarán ustedes, si no quiere hablar de Cicerón, ¿por qué inicio con una máxima de él?, la respuesta es fácil, me gusta lo que el filósofo romano pensaba de lo que la Historia era o debería ser; me quedo con las siguientes

aseveraciones, de las cuales espero sacar algún provecho: “La Historia es el testigo de los tiempos, la antorcha de la verdad, la vida de la memoria, el maestro de la vida, el mensajero de la antigüedad”. Muchos años antes de Cicerón(103 aC-43 a C) , Catón el viejo(234 aC-145 a C) el censor, el de los grandes reconocimientos políticos y militares, combatiente contra los Cartagineses en la segunda guerra y precursor de la tercera guerra Púnica, escribió la “Primera historia de Italia”, de la que se tenga conocimiento y aunque quienes escribieron sobre Catón lo describen casi como un hombre sin tacha, a parte de sus escritos sobre el manejo de la agricultura, las instrucciones a los Soldados, sus más de 150 discursos, hay unos escritos dirigidos a su hijo(praecepta ad filium) que obliga al lector a pensar sobre la subjetividad o la objetividad de la Historia.
Tomemos uno de los “preceptos” que dejó por escrito a su hijo en el mencionado documento, para mayor exactitud lo copio y pego: «A su debido tiempo Marco, hijo mío, te explicaré lo que encontré en Atenas sobre el mundo griego y demostrar qué ventajas pueden residir en sus escritos (aunque no debemos tomarlos demasiado en serio). Son un pueblo rebelde y sin valor. Toma esto como una profecía: cuando los griegos nos cedan sus obras nuestro mundo se corromperá, al igual que si envían a sus médicos aquí. Han jurado matar a todos los bárbaros con sus medicinas y cobrar recompensas por hacerlo a fin de que trabajen de forma más eficiente. Los griegos por supuesto nos consideran bárbaros además de sucios oscos. Te prohíbo ser jamás atendido por uno de ellos.” Démosle una nueva leída a las explicaciones e indicaciones que Catón el Censor, el moralista, le deja a su hijo Marco y vemos que en pocas palabras hace un juicio fuerte, rígido y a todas luces muy subjetivo, del pueblo griego, les retrata como una nación amoral, corrupta, criminal, metiendo en esa descripción a los médicos griegos. ¿No es difícil ver que Catón podría estar poniendo en ese juicio, que hace historia, más pasión, que razón y entonces cabe preguntarse qué tanto de lo mismo sucedió en su libro Orígenes que narra la historia de las ciudades italianas? Veamos qué pensaba el hombre que escribió en más de 140 libros la historia del Estado Romano y que manifiesta que “no había en la rígida disciplina de la casa Catón, nada que mereciera crítica”. creyéndole a Tito Livio podemos ver en Catón, un hombre importante como político, como militar e historiador, es incuestionable todo lo anterior, pero es un hombre, ser humano con virtudes, defectos, pasiones y más que se pudiera agregar y esas cualidades y defectos, forzosamente hicieron el recorrido del cerebro hacia la pluma y se plasmaron en sus escritos. Traigamos ahora, al presente, el pensamiento de Cicerón, sus aseveraciones sobre lo que para él significaba: “La Historia es el testigo de los tiempos, la antorcha de la verdad, la vida de la memoria, el maestro de la vida, el mensajero de la antigüedad”. Aquí me preocupa sobre todas, una de sus afirmaciones, “la antorcha de la verdad”, resulta no menos que complejo poder aceptar esa parte de la verdad, como un hecho, facilita el hacerlo, el que en tiempos remotos los historiadores eran personas cultas, con poder económico suficiente para dedicarse a escribir la historia, por considerarlo una necesidad, la forma de legar a generaciones futuras. Tito Livio dedicó alrededor de 40 años de su vida a escribir sobre Roma, tenía por herencia los recursos necesarios para poder dedicar la mitad de su vida a escribir; no lo hacía por contrato por lo que se permitía escribir lo que él había investigado, lo que había presenciado o lo que personas que gozaban para el de credibilidad le transmitían. Por mucho tiempo los historiadores escribían porque querían dejar las experiencias vividas para que fueran conocidas y utilizadas por las generaciones que fueran llegando. Eran en su gran mayoría creíbles, salvo aquellos que se dejaron llevar por la fantasía, la fabulación o quisieron intencionalmente dejar plasmadas verdades acomodadas a su conveniencia. En éstos tiempos, se podría decir que “la cosa es a otro precio”, porque surgieron los historiadores que escriben bajo contrato, es decir son personas llamadas a escribir sobre sucesos modificados o lo que es peor, lo que podríamos llamar “sucesos, no sucedidos”; suena raro, imposible, pero en el cada vez más amoral mundo actual, donde la mentira y el engaño son platos que se sirven con demasiada frecuencia en los comedores de la política, de los gobiernos, sobre todo en aquellos de la Izquierda, que suelen dedicarse a debilitar los valores de la sociedad para después subyugarla más fácilmente. A otro precio, porque lo que estamos viviendo en varios países Latinoamericanos, nos muestra que la Historia se escribe a gusto del que paga el contrato; “el que paga manda”, ésta indudable afirmación es tan antigua que quien la haya utilizado por primera vez y quienes se la escucharon debe hacer muchos siglos que ya no está en este mundo, sigue siendo verdad. Salgámonos de la esfera de la ingenuidad, hagamos mentalmente un ejercicio: Te acabo de contratar para que escribas mi biografía, estás agradecido porque te pago bien y me presentas tu primer borrador cuyos datos tomaste de la fuente más fácil, de mi familia, amigos y de mí, tu borrador tiene varias anotaciones que no me gustan, que me harán ver mal y te pido elegantemente que las modifiques: Sabes Francisco, me gusta lo que has hecho, es un gran esfuerzo el tuyo y el de tu equipo, pero hay unos detalles que tal vez por mi afán de ver resultados, sumado a tu cansancio se pasaron y debemos modificarlo, se que llevará tiempo ampliaremos nuestro contrato y mejoraremos el valor…Así, aumentando valor en pesos o dólares, ampliando plazos para que se puedan organizar mentiras, así se llega a la “Historia bajo contrato”, en Iberoamérica se han vuelto costumbre, los contratos privados o públicos; es lógico que en la historia de cualquier nación haya un apartado dedicado a sus ex presidentes, por eso algunos que deberían ser de “ingrata recordación” para sus pueblos, contratan pseudo historiadores, escritores medianamente reconocidos, para que escriban sobre ellos y así hacerse pasar ante las generaciones futuras por personajes que nunca han sido; «contrato privado» para cambiar la historia.

Asusta más el «contrato público» para modificar la historia, para ocultar verdades, para resaltar verdades a medias que no son más que mentiras y para mentir descaradamente sobre los hechos. Estos contratos hechos con el dinero de todos los colombianos, sin previa autorización nuestra, se maquillan para que los ingenuos los vean como algo normal que conducirá a que se desconozca la verdad de lo acontecido, se le ponen “condicionantes” que mostrarían que no serán usados precisamente para aquello para lo que después resultan siendo útiles, pero lo más contundente es que el fruto del «contrato» convertido en libros, se utiliza para engañar a las nuevas generaciones y mostrar a criminales como santos y a la gente normal como verdaderos criminales. Estamos en la época, en la que como digo en mi blog: blogspotgalianolarosa.blogspot.com se “secuestran las palabras”, se les dá un nuevo significado, siempre a gusto de los secuestradores y eso facilita que un grupo contratado para modificar la historia al antojo de los contratantes, se les llame: “Comisión de la Verdad” y se presente así: “Somos una Entidad de Estado que busca el «esclarecimiento» de los patrones y causas explicativas del conflicto armado interno que satisfaga el derecho de las víctimas y de la sociedad a la verdad, promueva el reconocimiento de lo sucedido, la convivencia en los territorios y contribuya a sentar las bases para la no repetición, mediante un proceso de participación amplio y plural para la construcción de una paz estable y duradera”. Se trata de una comisión creada por el nefasto ex presidente y premio nobel de paz Juan Manuel Santos, ampliamente conocido por la forma como nos engañó a muchos colombianos, por la traición directa al hombre que según sus propias palabras “más admiraba y más le debía, al mejor presidente de Colombia”, ese mismo que con trucos y se sospecha que con contratos, consiguió destruir el camino hacía la verdadera Paz, por donde caminaba Colombia con el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y nos retrocedió al terrorismo que ahora estamos viviendo y que además, a fuerza de mentiras y se sospecha que de contratos, se agenció un premio nobel de paz, muy controvertido y que ha traído muchos problemas a la Comisión que se lo otorgó.

De un árbol enfermo, no nacen frutos sanos, de Juan Manuel nació la Comisión de la Verdad, creada mediante el Acto Legislativo 01 de 2017 y el Decreto 588 de 2017; se trataba, como ahora estamos viendo de blindar a las FARC, con total impunidad; como ellos mismos han dejado constancia, un Sistema Especial de Justicia, que siete años después no ha hecho más que exculpar a las FARC y buscar como chivos expiatorios al Estado Colombiano y a nuestras Fuerzas Militares y de Policía. Para lograrlo, había que facilitar su presentación ante el mundo y para ello se creó la “Comisión” que nos ocupa, que tiene una función real, convertir a las FARC en víctimas, en unos santos. ¿Quién podría convertirlos en santos, más fácilmente que un sacerdote jesuita, reconocido y muy ambicioso?, ¡nadie! Se necesitaba alguien con algo de carisma, trayectoria y eso sí, ambicioso que pudiera «vender su alma al diablo» y que por un super jugoso contrato hiciera equipo con otros tan izquierdosos como él y le dieran la vuelta a la verdad, quienes tengan dudas de lo que estoy afirmando, retrocedan dos párrafos y vuelvan a leer, ¿qué es la Comisión de la verdad?, y revisen con honestidad qué ha hecho en éstos siete años, lean con calma y juicio su producto y verán que según ellos, ”Colombia no tuvo terrorismo, sino un grupo de jóvenes incomprendidos que fueron maltratados por el Estado».

La mañosa forma de disfrazar la verdad que nos presenta el padre Francisco de Roux, ha sido exaltada por su “contratante” y desde luego por el guerrillero del M19 que hoy es mandatario de Colombia, así como por muchos otros de ese mismo talante, eso solo es suficiente para saber que “el contrato” cumplió su función y se ratifica que “el que paga, manda” y a de Roux lo escogió el gobierno de las Farc, el del mal llamado “Acuerdo de Paz de la Habana” y es exaltado y aplaudido por sus beneficiarios miembros de la extrema, extrema Izquierda. Su resultado, el resultado de la trilogía de Francisco, Juanma y Gustavo, es lo que de ahí podía salir, la trilogía de la mentira, que cambiará si no lo desmentimos, nuestra historia, haciendo ver como santos a los diablos y como hombres de paz a los más crueles terroristas. Es el resultado de la HISTORIA BAJO CONTRATO.

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