EL LÁPIZ QUE NO PUDO ESCRIBIR

Nunca pensé que después de tanto sufrimiento padecido, de los fuertes dolores que tuve que sufrir, para que el momento del parto llegara y mi obstetra vestida con overoles azules de tela gruesa, bastante sucios, con colgaderas para que no se le cayeran, agregaba a su vestuario tapabocas y gafas gruesas de protección; elementos que no entiendo bien por qué motivo usa,  y que por momentos me hacen sospechar que Gloría es racista, que no gusta de mí, por mi color, sin embargo no puedo aceptar que no comprenda que de una mezcla de arcilla y grafito natural, mi color no puede ser otro diferente al del carbón, que orgullosamente tengo.

Será que ella desconoce todo el proceso que me tocó resistir, acaso ignora que fui molido, mezclado, que casi muero ahogado por el exagerado chorro de agua que me lanzaron con el pretexto de ablandarme, sabe ella lo ignominioso que fue ser sometido a una máquina para adelgazarme, a esa especie de dieta forzada que me obligaron a soportar, acaso no sabe que lloré lágrimas negras, cuando ordenaron: “tiene que adelgazar más, mucho más, pásenlo a la máquina de extrusión”, recuerdo temblando que me pregunte, ¿por qué no han pasado por ahí a la madre que los parió a ellos?, y por mi borrador salieron varias lágrimas muy oscuras, creo estar seguro de que eran “lágrimas negras”.
Cómo entender, que después de que me dieran el “acabado”, que me embalaran, me montaran en un avión gigante y me trajinaran de uno a otro, que me colocaron un rótulo que decía, Colombia, que estuve en los cielos por más de treinta horas, me sacaron de la asfixiante caja que compartía con miles de compañeros que tenían igual destino, me trasladaron a una bodega, de la que únicamente pude ver se llamaba Palacio de Nariño
Bodega fría, desagradable, en la que antes de entrar presentí que nada bueno me pasaría allí, me sentí apoltronado, derrotado, porque había una atmósfera desagradable, un olor como a hierba quemada muy fuerte que me hizo pensar en una planta que llaman marihuana, que me recordó el periodo de mi cocción, momentos amargos pasé en ese horno, donde me introdujeron con el pretexto de endurecerme. Aquí, además veo que la gente vive asustada, le tienen mucho miedo a una mujer que dicen que es la que administra todo, aprovechando las repetidas ausencias de quien debería hacerlo
Tanto sufrir, tantos traslados, me hicieron pensar que obligadamente lo que me esperaba tenía que ser algo muy hermoso, por mi borrador, pasaron imágenes que me hablaban de triunfos, de premios, de luces brillantes a mi alrededor y  en mi sueño, llegué a escuchar voces que decían: “miren la importancia que le da a su lápiz, no lo suelta, miren como juega con el entre sus manos, seguro es un bello reconocimiento el que le hace ahora delante de toda la academia; por momentos fui el “Lápiz Feliz”, solo por unos segundos que duró mi sueño, así me sentí y así me bautice
Mi nombre duró lo mismo que duró mi sueño, un grito desagradable me despertó y comenzó mi doloroso calvario,: estaba secuestrado, encerrado entre los dedos de un desquiciado que, jamás escribió una palabra conmigo, eso me dolía y mucho, yo sabía que no tenía defectos en mi fabricación, que había sido escogido por ser de los mejores, pero no podía entender que hacía allí, había sido parido para grandes cosas, y me encontraba preso, encerrado en los dedos temblorosos e inútiles de un energúmeno que nunca me utilizó para algo más que para darse un “aire de intelectual”; me puse a escuchar medio mareado todas las cosas que mi secuestrador decía: “polvo de estrellas, trenes voladores, aeropuertos fuera de lugar, carros tanques para transportar agua sin agua, virus de la vida en las estrellas y muchas sandeces más y así entendí que mi secuestro podría ser largo y doloroso; comencé a prestar atención a los gritos que con mucha frecuencia escuchaba y comencé a tener esperanza, miles de personas gritaban a mi secuestrador: “Fuera Petro, fuera ,Petro”.

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