ASI FUERON LAS COSAS #11
Negociación de un secuestro

SI NO REGRESA EN TRES HORAS, LLAMARÉ A LA POLICIA.
Lo dije antes y lo tengo que volver a manifestar, un secuestro, la negociación con los terroristas, máxime si se trata de grupos criminales que tienen el secuestro como una de las razones de ser de sus nefastas organizaciones, es compleja y tiene muchas aristas. Cuando, como en mi caso, has negociado a un familiar con uno de estos grupos de asesinos, cuando tratas de narrarlo lo más fielmente posible, es difícil decir, ¿cuál es el último capítulo que escribes?, pues recordaras más situaciones que debes narrar; éste es el caso que nos ocupa hoy. Me remonto a la segunda “entrevista” que tuve con el negociador, en esa ocasión cuando me retiraba agregó, “cuando venga a nuestra cita, trate de que parezca un paseo, venga con más personas, hasta donde le digan que puede seguir, así no sospecharan de qué anda en estos montes”; recuerdo que pensé: ¿a quién puedo decirle que me acompañe?, para ellos dar órdenes era fácil, para mí no iba a ser nada sencillo. Le comenté a Luis y me dijo, piense en alguna amiga y con ella ya seremos tres, parecerá un paseo. Ni idea tenía en ese momento, que esa solicitud o exigencia del negociador se iba a convertir en un problema de grandes dimensiones; en el regreso venia pensando en eso, cuando Luis me dijo, medico debe ser alguien de allá conocido suyo, porque si yo le digo a alguien del pueblo o de la finca, eso se va a regar como pólvora, usted sabe cómo es la cosa, cómo son de chismosas esas viejas del pueblo, en una hora lo sabría todo el mundo; búsquese alguna conocida suya, que guarde el secreto mientras esto se resuelve y que nos acompañe en estos viajes. Una vez en casa, le comenté a mi esposa, ella dijo que eso le parecía una tontería, ¿que a esos montes quien iba a ir de paseo?

Uno o dos días después tuve una pésima idea, le comenté a una secretaria la situación y ella dijo que podía acompañarnos, que ella se inventaba algo; solo preguntó si regresábamos el mismo día; le dije que sí, salvo que algo excepcional sucediera; le pedí que no lo comentara con nadie y sonriendo dijo que ella no era chismosa, que para ella eso sería una aventura. Que para ella fuera algo fuera de lo común yo lo entendía, porque era la única razón para que se involucrara en una situación de ese tipo; a sus 22 años, sus ganas de algo diferente, encajaban muy bien; lo que no nos ayudó, es que ocultara que tan pronto llegó a su casa le contó a su mamá y esta, ni corta ni perezosa lo divulgó a otras personas y de esa forma lo que consiguió fue un día más que desagradable para mi esposa y desde luego para mí, cuando me enteré de todo lo que les narro a continuación; Sandra “la discreta”, como le llamaremos narró su probable “paseo” a su madre y ahí comenzó un serio problema. Era un sábado como cualquier otro, nada podía presagiar algo especial, pero a eso de las diez de la mañana, sonó mi celular y en la pantalla apareció un número desconocido; como siempre sucedía cuando él llamaba, enseguida escuché: “padrino, nos vemos mañana en Fundación, a las ocho”, y el sonido de colgado, antes de que yo pudiera aceptar o no, una vez más, quedaba claro que tenían el poder para ordenarme qué hacer; ellos tenían lo que yo buscaba y no escatimaban en hacérmelo sentir. Llamé a Luis y le dije, tenemos viaje mañana; me preguntó si había resuelto con quién íbamos y le dije que sí, llamé a “la discreta” y se entusiasmó respondiendo que podía pasar por ella a determinado sitio; cuando llegué a casa, lo comenté con mi esposa y recuerdo que no estaba convencida de que fuera buena idea llevar a esta persona; volví a explicarle por qué lo hacía y después, mil veces me arrepentí de no haberle prestado atención. Con todas las precauciones que los secuestradores tomaban y las que Luis y yo nos inventábamos en el camino, comenzamos a subir montaña; recuerdo que en algún momento le pregunté a “la discreta”: ¿se lo dijiste a alguien?, Y no me gustó su respuesta cuando me contestó: “solo a mi mamá y le pedí que no le contara a mi novio, porque él es muy “fregado, quisquilloso y de todo se monta una película de celos”; en ese momento pensé que había escogido mal, que tal vez hubiera sido mejor una “chismosa conocida por Luis”, en eso me equivoqué. La señora madre de “la Discreta”, no guardó el secreto y llamó al novio; éste comenzó una angustiosa presión de llamadas telefónicas a mi esposa a lo largo del día: ¿Qué dónde estaban?, ¿que con qué derecho me había llevado a su mujer?, que podían matarla por allá en esas montañas, que, si en tres horas ella no llegaba, darían aviso a la Policía; esas llamadas las hacía cada 20 minutos. Es fácil imaginar el nivel de angustia en el que “el quisquilloso”, puso a mi esposa, que siempre que yo tenía que ir a esas montañas quedaba rezando y contando las horas.

Arriba las cosas transcurrieron como ya les conté anteriormente, pero estando allá en la montaña, no podía imaginar ni de lejos, la “película” que el quisquilloso había montado; mi angustia mayor inició cuando estábamos dejando a Luis, después de despedirlo y agradecerle; “la discreta”, recibió una llamada y se escuchaban los gritos cuando su novio le decía loca y que carajos haces en Bosconia y más palabras de todo calibre; luego ella me dice: “mi mamá le contó a mi novio, el llamó a su señora y le ha dicho de todo”. Tuve ganas de dejarla en Bosconia; hizo todo lo contrario de lo que me dijo que haría, yo aceleré tanto mi vehículo de regreso, que debí batir mi propio récord para llegar a donde su novio la esperaba e irme veloz a casa.
¿Cómo entender que a mí el “quisquilloso” no me dijo nada cuando le saludé y le di las gracias a “la discreta” ?; ¿fue un acto de cobardía, aprovechar que mi esposa estaba sola con mis hijos, pequeños en esos tiempos, para armarle el lío, porque su “discreta” me había acompañado a los montes y según él le podía pasar algo grave?, no deja de ser curioso porque cuando se dirigió ella gritándola, “la discreta” de un par de gritos, lo hizo callar y su supuesta fiereza terminó en nada. Digamos en beneficio hacia el “quisquilloso”, que podía estar sinceramente preocupado, pero todo lo que hizo es imperdonable y no podía dejar pasar ese episodio, como tampoco uno o dos más que recuerdo.