ASI FUERON LAS COSAS #10
Negociación de un secuestro
EL LLANTO DE UN HOMBRE.

Difícil saber, ¿cuántas horas pasaron, desde que los terroristas que lo secuestraron recibieron su pago y soltaron?; para ellos era un paquete, un objeto por el que habían exigido un dinero, después de separarlo de su familia, su entorno y someterlo a condiciones infra humanas como a todos los que secuestraban para extorsionar a sus familias. Eran esos años antes del 2002 y en este caso concreto en 2001. Probablemente todo este sufrimiento, se hubiera evitado si el expresidente Álvaro Uribe Vélez, conocido por muchos como “el verdadero Libertador de Colombia” hubiera llegado antes al poder, pues los criminales se habrían ido a refugiar en Venezuela a donde Chávez, pero sabemos que no fue así, todo
sucedió un año antes.
Pasaban las horas, unos mirábamos los relojes, otros ya se hacían sangre en los pulpejos de los dedos, pues ya se habían destrozado las uñas con los dientes; otros hablaban como “cotorras mojadas” y unos por el contrario mostraban su ansiedad en absoluto silencio; no recuerdo cuantas horas pasamos así; un momento de tranquilidad lo tuvimos cuando el encargado de recibirlo, nos dijo: está conmigo ya vamos bajando, creo que estamos muy cerca de Curumaní; “está bien, dile a todos que está bien y que llegaremos al sitio que acordamos; mientras el encargado de recibirlo hablaba, yo repetía para todos; porque en el sitio acordado, estaba gran parte de la familia esperándolo.

El “sitio acordado” era la finca de un “pariente”; le llamábamos así, por precaución porque no podíamos descartar, que los “guerrilleros” aparecieran, para secuestrar a otros miembros de la familia, sabíamos, que eran capaces de eso y mucho más, porque ya lo habían hecho a otros secuestrados; los muchos casos, la crueldad, darían para escribir varios libros; “a ¿cuántos secuestrados, habían asesinado y continuado el proceso de negociación y una vez culminado, le habían dicho: su hermano, su padre o su esposa, está muerto, esto que nos trajo es por los gastos en que incurrimos durante todo este proceso; a cuántos les habrían dicho: “murió; si quiere el cadáver, debe pagar por él” y así muchas formas de crueldad extrema. “Estamos en Curumaní”, solo se me ocurrió decirle: “que bien dale agua y sigue, aquí estamos todos; lo trasmití a todos al mismo instante, alguien de la familia, creo que fue su esposa o uno de sus hijos, dijo: “que nos lo pasé para hablar con él”; yo le contesté, “ya está en camino, dejémoslo llegar”; no sé si fue un error porque ahora que lo pienso él podría hablar; pero, el tiempo parecía detenido como uno de esos relojes antiguos a los que hay que darles cuerda, y el encargado de hacerlo, lo había olvidado; sin embargo la distancia, daba para unos 25 minutos, solo que nos parecían varias horas.
El portón de entrada de la finca estaba abierto en sus dos hojas, como cuando va entrar un camión ganadero; ya veíamos bajar el campero, por la carretera asfaltada; no había más de 20 metros, el hermano que conducía, se detuvo, bajó rápido para ayudar al liberado; desde que nos vio comenzó su llanto, el llanto más profundo que yo haya escuchado nunca, la alegría de sentirse libre, de ver a su familia, esposa, hijos y hermanos; en ese instante se le estaban mezclando el sufrimiento de esos 182 días de infame secuestro, física y psíquicamente sufridos; el llanto era un deshago de un alma arrugada ante todo lo vivido; sus familiares se arremolinaban con los abrazos y besos que no paraban. “La familia es todo, yo sabía que no me dejarían morir en esos montes, la familia es todo, la familia es todo, lo repetía muchas veces; llegó el momento en que nos abrazamos, él seguía llorando y repitiendo la misma frase, en pleno abrazo me decía: yo sabía que tú eras el que me iba a negociar, varios días lloré porque pensé que te habían matado y no me habían dicho nada, es que uno de ellos se me acercó un día y me dijo: “creo que mañana se va; yo oí que ya van a entregar lo suyo y lo van a liberar”; esa noche, yo solo esperaba el día y cuando amaneció se me volvió a acercar y me dijo; “algo pasó no nos han dado ninguna orden”; yo llevaba varios días bajando montañas, por eso sabía que ya me habían negociado, pero cuando me dijo que, todo se había frenado, yo pensé, que te habían matado o secuestrado para quedarse con la plata y volver a negociarme; te lloré mucho porque creía que te habían matado”.
“Ayer me dijeron: mañana se cambia y se arregla que se va, pero no me dijeron nada más, y yo estaba alegre, pero no sabía si te había pasado algo; aunque pensaba que si me soltaban, era que todo estaba bien, pero por momentos no creía por lo que había pasado la vez anterior. La familia es todo, es lo único que tenemos, yo les decía a todos que ustedes me sacaban de allá; pobre mi otro compañero secuestrado, cuando oyó que yo iba a bajarme y me dijo: “¿será que a mí me van a dejar morir aquí?”; yo le decía que no peleara tanto, que se fijara que yo les ayudaba atender a sus niñitos y dejaron de darme la carne más salada; la carne estaba tan salada que yo la sacudía primero y después la metía en el“agua de panela”, para sacarle la sal, pero aun así, sabía que eso me iba a matar de la presión, pero si no la comía, entonces iba a estar muy débil para caminar”.

Creo que lloramos juntos, él no paraba de decir: sabía que tú me sacabas de allá, lloré tu muerte varios días, pero el compañero de secuestro me decía, “él está vivo, cuando te vayas dile a mi gente, que me saqué de aquí”, me daba ánimos, la familia es todo. Hay que hablar con la familia de él, que lo saquen rápido o lo van a matar, se pelea con ellos, tienen una pelea por una tarjeta de crédito o algo por el estilo y no les ha dado una clave. Se hace un poco tarde y algunos deben regresar a sus ciudades, no lo tengo claro porque sucedió hace ya 20 años, si el liberado su mujer e hijos se dirigieron a Valledupar, Barranquilla o al Pueblo. La tragedia de un secuestro, no termina con su resolución; aun cuando el secuestrado es “entregado vivo”, sus secuelas psicológicas, económicas y sociales pueden durar por años o para toda la vida. Los secuestradores, son los peores criminales que pueden existir, sin embargo, en Colombia, por el negocio que hicieron en Cuba con Juan Manuel Santos, el “premio nobel de paz”, están unos en el congreso de la República, otros hospedados y atendidos por el régimen de Nicolás Maduro, en Venezuela, quien los tiene allí para que manejen la industria multinacional más grande y poderosa, la del narcotráfico, que ya no es solo Coca y Marihuana, puesto que la han “diversificado”. Eso es lo que hoy viven nuestros países, ¡cuidado, Ibero…América; espero que, entiendan esos puntos suspensivos, ¡no son error ortográfico!
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