APRENDER A APRENDER

¿Qué cosas nos impiden aprender?, ¿por qué he titulado “aprender a aprender?”. Cuando éramos niños teníamos un principio de vida que nos podría llevar a ser sabios; teníamos claro que “no sabíamos” y nuestro cerebro estaba ávido de conocimientos. Nuestras neuronas necesitaban con urgencia dejar de gatear. Lo aprendieron al mismo tiempo que se lo enseñaron a nuestro cuerpo. Tenían mucha urgencia en comunicarse entre ellas, y transmitirnos lo que iban aprendiendo y desde luego enseñarnos a comunicarnos con los demás; eso lo hicieron, y aprendimos a hacerlo en diferentes idiomas, de diferentes formas.

Es así como unos cultivan gran capacidad para comunicarse hablando, otros por medio de señas, gestos y otros lo hacen a través de la escritura, pintura, música y otras formas que encajan en el arte.
La pregunta sigue sin respuesta: ¿Qué cosas nos impiden aprender? Haré un “intento” por responder, pero mi respuesta no solo estará incompleta, sino que necesita de la de ustedes, para que lleguemos a algo más concreto y útil. Hemos estado casi en forma inconsciente varios años captando conocimientos, los tomamos de nuestros entornos, del medio ambiente, de las familias, escuelas, colegios y en algunos casos de las universidades, en eso estamos de acuerdo, pero ¿cuándo en forma consciente o inconsciente frenamos nuestro afán de saber más, de seguir creciendo, por qué y  a qué edad?, en mi reflexión me atrevo a decir que no es cuestión de edad, sino de “actitud frente al conocimiento”.
¿Actitud?, si esta fuera una de nuestras respuestas, ¿qué sucede en nuestros cerebros para que esa capacidad innata que tenemos para conocer, aprender y seguir creciendo, se disminuya, se diluya o se pierda con el tiempo?, ¿será que en algún momento y de forma pretenciosa creemos que ya “sabemos lo suficiente”? o, por el contrario, ante el universo que tenemos por conocer y del cual aprender, ¿nos sentimos pequeños o incapaces de acercarnos a él? Creo que es posible que tengamos algo de cobardía frente al “conocimiento más básico”, ese conocimiento que podría ser el más importante para nuestro desarrollo y crecimiento intelectual, ese que nos brinda la misma naturaleza y al cual muchas veces no queremos mirar y vamos dejando pasar todo a nuestro alrededor sin aprender suficiente de lo que vemos, oímos, tocamos, disfrutamos o sufrimos.
Platón, convencido de la “fortaleza del alma” y de que esta venía con ciertas condiciones pre establecidas, de forma que podías tener un alma fuerte, tranquila o apacible, creía que “pocos tenían una que pudiese ser destinada a la política o filosofía”; los poseedores de este tipo de alma son, según su teoría, los llamados a “planear, educar y ejercer otras tareas sublimes, entre ellas la de gobernar”. Platón era un convencido de que gobernar era algo noble, para lo cual, igualmente que para “educar” era necesaria un Alma de características superiores a lo común; ahora bien,  si comparamos la actual realidad política de algunos países, con estas últimas aseveraciones, ello se desvirtuaba al evidenciar que es en manos de personas de poco alcance, sin nobleza mental y con marcado egoísmo nacido de la ignorancia, en quienes está la gobernanza de nuestros países, toma de grandes decisiones en relación con lo que nuestros niños deben aprender, asusta el ver que hemos dado el grado de “maestros” a personas que quieren desconocer “las enseñanzas básicas que la naturaleza y el medio ambiente nos ponen a disposición”.
Nace, entonces, una obligatoria pregunta: ¿Se desvirtúa el pensamiento de Platón sobre las “calidades del Alma” que deben tener nuestros gobernantes, educadores y otros encargados de lo que podríamos o más bien deberíamos llamar “ocupaciones o profesiones superiores”? Personalmente creo que no, ya que estas ocupaciones superiores requieren ser llevadas a cabo por personas de superiores condiciones, dotados de gran inteligencia que se acompañe siempre de principios éticos y morales y de una sensibilidad muy especial.
No podemos desvirtuar el pensamiento de Platón, para justificar nuestros errores al escoger a quienes deben gobernar, educar y realizar esas tareas que requieren una Alma que debe ser superior a la del común.
De estas teorías, nace el “querer comprender la educación”; desde hace más de dos mil años muchas mentes han sometido a discusión, las teorías del más connotado discípulo de Sócrates, en lo referente a aprender, a “educar el cuerpo y el alma”, se han paseado por los grandes filósofos y maestros de la antigüedad, dejándonos un mar de confusiones, por tratar de acomodar la educación y el aprendizaje a sus teorías políticas, que la mayoría de las veces están alejadas de las realidades, que en forma clara o un tanto oculta nos quiere enseñar la naturaleza; recordando El mito de la caverna de Platón, algunos políticos nos dan la impresión de estar todavía dentro de la caverna o tal vez lograron romper sus cadenas, pero egoísta e inmoralmente pretenden que aquellos que les siguen continúen atados a la ignorancia y no vean la luz del sol.
Aterra ver como algunos pretenden que nuestro sistema de educación vaya contra natura y amarre a nuestros niños a conocimientos oscuros y falsos. ¿Será ese sistema que se empeña en mantener las cadenas de la ignorancia tratando de enseñar aquello que, lejos de hacer el bien llevará a nuestra sociedad a admirar lo ético y moralmente incorrecto?, ¿será esta una de las causas que ha hecho que muchos pierdan el interés por aprender?; si sospechas que algo te lesiona y en vez de hacerte mejor persona te refunde en los oscuros pasillos del mal, entonces lejos de animarte, ello te desmotiva. Sentir que te habías liberado de las cadenas y que de repente, quienes reciben la encomienda de dirigir la nación, quieren atarte a sus erróneos conceptos de vida y forma de vivir, es una razón para querer dejar de aprender; en lo personal creo “que una vez que has visto la luz del sol, estás obligado a ayudar a otros a salir de la oscuridad” y romper las barreras en la que otros quieren sumirte, por lo tanto, te invito a seguir buscando las causas por las que nuestros jóvenes son apáticos ante la invitación a aprender, y mucho más “a aprender a aprender”.
Este es un trabajo que nos queda por hacer; espero que pienses en ello y encontremos entre muchos, la forma de romper cadenas, sacar a muchos de las cavernas y como dice un cantante a “golpes de sol y agua” aprendamos nosotros a escoger, a quienes les damos la encomienda de gobernar nuestras naciones, nuestros pueblos, ayudar a la educación de nuestros hijos y otras tareas casi tan nobles y delicadas como estas.
Por cierto, ¿en qué momento abandonamos la naturaleza y comenzamos a actuar contra ella? Eso nos muestra como más inteligentes o, antes por el contrario, la misma natura no está haciendo ver que en lo básico retrocedemos y olvidamos que lo básico son precisamente las columnas de todo lo que vamos construyendo, y si las columnas se derrumban, ¿qué queda de lo que hemos edificado sobre ellas?

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