AHORA VAMOS POR «LA PAZ TOTAL»
COLOMBIA, EXPERTA EN ESTE TIPO DE FRACASOS

Desde que mi memoria trae palabras y hechos, así como recuerdos del pasado, desde hace quizás siete décadas, siempre aparecen palabras muy trajinadas, muy usadas, tanto que cualquier niño desde los cinco años de edad puede decir que en su entorno alguien las utiliza: amor, cariño, pueblo, juego y paz, entre muchas otras, siempre han estado en el vocabulario a todas las edades, pero entre ellas, después de los siete años de edad, hay una campeona, se gana el concurso entre las más usadas y es la palabra “paz”, la que en los últimos 60 años de la vida colombiana sobresalió y debe ser declarada fuera de concurso, como la “palabra peor utilizada de nuestro vocabulario”.

Hace años, algunos jóvenes conocíamos y observábamos el panorama de nuestra Colombia, digo que “algunos” porque muchos consumieron su juventud, hablando y practicando los slogans de moda: “Paz y Amor”, a los que muchos le sumaron al consumo de la marihuana; no sé si será esa, la razón por la cual algunos de nuestros dirigentes latinoamericanos, les resulta más fácil hablar de paz y pobreza, tal vez porque estas palabras se encuentran hasta en los libros sagrados, mientras que la guerra, la miseria, parece dar miedo reconocerlas; otra hipótesis podría ser que se volvieron adictos y la marihuana les quemó millones de neuronas y con las pocas que les quedaron medianamente sanas, no pueden dar más de lo que han dado.

Desde antes de aquellos años de “paz y amor”, “no a la guerra” y otras consignas por el estilo, la palabra “paz” ha sido traída y llevada por todas partes, maltratada, desfigurada, al extremo tal que, ya no se sabe que se pretende decir al utilizarla, no hay político en nuestros países que no la incluya como parte fundamental de todos sus discursos, algunos la utilizan tanto que si por algún artilugio pudiéramos sacarla de sus discursos, éstos quedarían vacíos, tal vez por eso, la mayoría de ellos cuando logran ser elegidos, la olvidan o la guardan, para poder seguir sacándola de sus libretas de anotaciones en las siguientes campañas.

Es cierto, la palabra “paz” siempre ha sido milagrosa, ha hecho más milagros que un santuario completo, ha hecho multimillonarios, ha conseguido más de un  premio Nobel, creado tribunales de justicia, que se dedicaron en su nombre y con la ayuda de algunas prebendas de diferentes tipos, a brindar impunidad total a toda suerte de delincuentes, incluyendo eso sí y en primera fila a criminales de lesa humanidad.
La palabra “paz” ha inspirado a artesanos, que han hecho retablos con palomas blancas, otras figuras, de diferentes materiales tales como el papel, porcelana, barro, mármol y también  ha llevado a algunos, a transformar el cartucho de una bala de fusil de alto poder, en un bolígrafo, que en

manos de un mentiroso dió para escribir una de las frases más falsas en la humanidad hasta ese día, la que fue en voz alta dicha por el nefasto presidente Santos: “la guerra en Colombia se acabó”.
La verdad, no fueron capaces de decirla en la Habana, no les convenía, era mejor que el pueblo de Colombia, lo fuera viendo poco a poco, se acababa de firmar la absurda e inexplicable capitulación del gobierno de Colombia ante un grupo de guerrilleros que estaba literalmente vencido y agonizante.

Sonará contradictorio, sobre todo en éste momento, en que a mi edad, con mi recorrido por la vida, he permitido que a mi mente entre la duda, y me pregunte, si yo estoy equivocado, si el expresidente de Colombia Juan Manuel Santos, fue o no falso, mentiroso y traidor, si  Juanma o Juanpa engañó al mundo, para agenciarse, entre otras cosas,  un “Premio Nobel de Paz”; para aclarar mis dudas, me fui a los diccionarios a buscar si en algún momento, paz y guerra, paz y terrorismo, significaban los mismo y en ninguno encontré cosa distinta a que, esas dos palabras son antónimos.

En el campo, he visto que para cosechar mangos, lo primero que se hace es sembrar la semilla, la “pepa” de un mango, esperar que nazca la planta, cuidarla, abonar, regar hasta que se haga fuerte y nos produzca mangos, lo mismo vi hacer con distintas semillas y todas terminaban produciendo aquello que originalmente habíamos sembrado. La experiencia que hemos vivido millones de latinoamericanos nos deja una lección clara que nace de la observación: si siembras aguacates, cosecharás aguacates.

Eso que es sencillo, que para entenderlo no necesitas ninguna clase de estudios, pero que el no entenderlo, si permite pensar que cualquier título que digas poseer, lo más probable es que sea falso, producto no de un colegio, de una universidad si no de una tipografía, de un computador con su respectiva impresora, esa lección que la naturaleza nos brinda sin costo alguno es la que dice: “de lo que siembras, recoges”.
Es imposible dedicar todo el tiempo a sembrar odios, a llamar a los grupos violentos a hacer lo que saben hacer bien, incendiar el país, asesinar policías y civiles, arruinar empresas y de un momento a otro decir que vamos a lograr la “Paz Total”, es totalmente absurdo, el solo pensar que, sembrando el árbol del odio se pueda recoger como fruto la paz.

En el gobierno de Petro, que se inicia en el año 2022, nos encontramos con que el mandatario siembra, predica, escribe y twittea esparciendo odio y espera como resultado una Paz Total. Si hubiera leído en algún momento la trajinada frase de Albert Einstein: “Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”, hubiera aprovechado y después de su vida de guerrillero activo, hubiera cambiado, desterrando el odio y cultivando en él y en su entorno semillas de paz, podría recoger frutos de paz.
Por el camino, tantas veces recorrido de sangre, violencia, terror, el mandatario, jamás llevará a Colombia a vivir en paz, ni total ni parcialmente, si sinceramente ese era su querer, tenía que cambiar de comienzo a fin su política, sus colaboradores, que lo único que saben es sembrar odio y comenzar a andar caminos de verdadera justicia y de paz.
No es nada nuevo, no se va a lograr paz llevando vida a las estrellas, ni con otras sandeces como construir trenes voladores, tampoco esquilmando los recursos de todos, no se hace la paz desvariando, alucinando, con pensamientos de polvos de estrellas, cambiando el nombre a las Instituciones y colocando nombres pomposos de cosas fuera de nuestros alcances, no se producen cohetes, naves espaciales por cambiar de nombre a una de nuestras Instituciones y ponerle Agencia Aeroespacial, ese tipo de estupideces, lo único que hacen es el ridículo ante el mundo; para hacer la Paz, hay una sola fórmula universal y que ha dado resultados desde antes de que descubriéramos el átomo y es combatir hasta su aniquilación o hasta que se rindan sin condiciones, a los terroristas y narcoterroristas que no quieren vivir en paz; lo demás siempre ha fracasado, “Colombia es experta en ese tipo de fracasos”.

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