“Abuelo, asómate a la ventana seguro estás lejos de ella y así no podemos hablar; corre abuelo, tengo algo muy importante que contarte”.

Gracias a que dejé entreabiertas las dos ventanas del apartamento y a la altura donde estamos, una ráfaga de viento fresco casi frío, entró por ellas, pasó raudo por la sala movió las hojas de los lirios antiguos, la del lirio recién trasplantado, tomó impulso en sus hojas y rápido acarició a los anturios, a los troncos cuyos nombres nunca, hasta el día de hoy me preocupé por saber y continuó su viaje, para cumplir las misiones que la naturaleza le había encomendado. Esa refrescante ola de viento, tenía dos encomiendas que cumplir, las dos muy importantes y eran darle oxígeno y vida a todo ser viviente que encontrara en su camino y la otra, la más importante para mí, traer la voz de Aspen que por la distancia a que yo estaba de las ventanas, sitio desde donde el viento ya acostumbra a comunicarnos, su voz llegó débil casi como un susurro, pero lo alcancé a escuchar, diciéndome: “Abuelo, asómate a la ventana seguro estás lejos de ella y así no podemos hablar; corre abue, tengo algo muy importante que contarte”
No sé si ustedes son abuelos, pero pretenciosamente pienso que aún no lo son, están muy jóvenes y es que, eso de ser abuelos, es un privilegio, es volver a tener en casa o como en mi caso, en un lugar lejano, una especie de réplica, fotocopia, escaneo o más parecido aún, es tener un clon pequeño de tus hijos y ese clon tiene unas características muy especiales, trae consigo una mezcla genética de papá y mamá, que se remonta a muchas generaciones atrás, a muchas que ya no existen y algunas que aún estamos, y es precisamente para los que estamos aún, que los nietos traen consigo un libro de instrucciones con muchas páginas.
He tratado de leer este “manual de instrucciones”, pero es muy largo, me quedo dormido, por eso me voy a la última página, la que me gusta, porque en letras muy pequeñas pero que se alcanzan a leer dice: “abuelo, no le prestes mucha atención a lo que leíste, yo soy tu nieto y punto; nos ponemos de acuerdo y hacemos todo lo que se nos ocurra”; y es que Aspen, cuando en una ráfaga de aire muy frío, casi que helado, porque venía desde Canadá, me mandó su manual; esperó paciente a que estuviera en mis manos y con una picardía inesperada me dijo, “Abuelo, no te canses leyendo todo, la mayoría lo escribieron mis papás y son instrucciones de cómo cuidarme; ellos, ya se olvidaron que los abuelos los criaron y lo hicieron también, que yo estoy a aquí; mira, sáltate todo, en la última hoja en letras más pequeñas está lo principal”.

He tratado de leer este “manual de instrucciones”, pero es muy largo, me quedo dormido, por eso me voy a la última página, la que me gusta, porque en letras muy pequeñas pero que se alcanzan a leer dice: “abuelo, no le prestes mucha atención a lo que leíste, yo soy tu nieto y punto; nos ponemos de acuerdo y hacemos todo lo que se nos ocurra”; y es que Aspen, cuando en una ráfaga de aire muy frío, casi que helado, porque venía desde Canadá, me mandó su manual; esperó paciente a que estuviera en mis manos y con una picardía inesperada me dijo, “Abuelo, no te canses leyendo todo, la mayoría lo escribieron mis papás y son instrucciones de cómo cuidarme; ellos, ya se olvidaron que los abuelos los criaron y lo hicieron también, que yo estoy a aquí; mira, sáltate todo, en la última hoja en letras más pequeñas está lo principal”.
A duras penas, ante la urgencia del llamado, me coloqué a oscuras mis sandalias y salí hacia la ventana a esperar el próximo mensaje y me preocupé mucho, porque era alarmante: Abuelo mis papás tienen en la boca, unas cosas blancas que estoy seguro que se llaman dientes, porque después de cada comida, siempre mami le dice a mi papá, “cuida a Aspen que me voy a lavar la boca, no quiero que se me dañe ningún diente” y cuando ella regresa, papi se va a hacer lo mismo; abuelo eso de los dientes parece que es muy importante y yo me toqué con los dedos y no tengo de eso. Anoche me molestaba una parte de donde mis papas tienen los dientes y con mis juguetes y una cosa que me dieron me tranquilizaba pasándolo seguido en la boca; mi mamá me miró y dijo:” creo que ya le van a salir los dientes”, eso, me preocupa porque ellos tienen muchos de esos dientes y que tal que yo deba tener tantos y todos me molesten para salir? ¿Tú qué piensas abuelo?


Esa es la parte más complicada de ser abuelos y es que siempre te preguntan muchas cosas, demasiadas y tú tienes que tener las respuestas a todo y que sean convincentes; no te extrañes, por eso se es abuelo, cuando ya uno ha aprendido algunas de las repuestas, te preguntan no sólo sobre los dientes, eso ya se lo respondí y quedó tranquilo y riéndose; son las otras preguntas las que me tienen preocupado, porque le expliqué que eso que sale a alumbrar de noche se llama luna, y que el que alumbra de día se llama sol; pero, ahora quiere saber, ¿quién les escogió los nombres, porque no sale la luna mejor de día y el sol por las noches, por qué los pusieron tan lejos de él, porque a su tío, el sol lo alumbra más temprano que a él, por qué dividieron así las cosas y él está lejos de los abuelos y del tío?, ¿por qué no estamos todos juntos, para que la luna y el sol, nos alumbren al mismo tiempo?. Dios mío, hasta el viento mensajero se quedó atónito y fue el viento quien acarició sus mejillas y le produjo sueño; yo espero que mañana pregunte cosas más sencillas, aunque aún le debo las respuestas. ¿Ven por qué los abuelos, somos mayores que los papás?
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